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Manipulación Espinal para las Lesiones de Disco Lumbar

Manipulación Espinal para las Lesiones de Disco Lumbar
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La mayoría de los casos de lumbalgia se clasifican como de naturaleza inespecífica, lo que significa que no se atribuyen a una causa estructural única e identificable, como una fractura, una infección, un tumor, o una compresión nerviosa. Sin embargo, en casi el 5–10% de los casos, la causa del dolor localizado en la zona lumbar puede estar vinculada a una lesión en los discos intervertebrales—que se encuentran entre cada una de las vértebras lumbares y actúan como amortiguadores mientras facilitan el movimiento de la columna vertebral. Si se ve afectada una raíz nerviosa cercana, el paciente puede experimentar síntomas que se irradian a lo largo del recorrido del nervio hacia la pierna. ¿Qué papel, si lo hay, puede desempeñar la quiropráctica en el tratamiento del dolor lumbar relacionado con problemas en los discos lumbares?

Cuando un paciente presenta lumbalgia, el quiropráctico evalúa patrones específicos para determinar si una lesión discal puede estar contribuyendo a sus síntomas. El dolor relacionado con los discos es más probable cuando los síntomas empeoran al sentarse, agacharse, inclinarse hacia adelante, o levantar peso, y mejoran al estar de pie, caminar, o realizar movimientos de extensión. El dolor puede estar localizado en la zona lumbar o irradiarse hacia el glúteo o el muslo. En algunos casos, los síntomas pueden extenderse más abajo de la pierna. Un hallazgo clínico especialmente importante es la centralización, donde el dolor que se irradia hacia la pierna se desplaza hacia la columna vertebral durante movimientos repetitivos.

Por el contrario, hallazgos como sensibilidad localizada, dolor principalmente al extender y rotar la extremidad, ausencia de cambios en los síntomas con movimientos repetidos o dolor que no se ve afectado con los patrones de carga sugieren que un disco podría no ser la causa principal del dolor. Generalmente, no se recomienda realizar pruebas de imagen avanzadas como paso inicial en el proceso diagnóstico. Esto se debe a que una parte significativa de los adultos de mediana edad presenta anomalías discales visibles en la resonancia magnética que suelen ser asintomáticas, y el tratamiento de estos hallazgos podría no beneficiar al paciente. Es más adecuado reservar las pruebas de imagen para los casos que presenten señales de alarma, como déficits neurológicos progresivos, disfunción intestinal o vesical, o sospecha de patologías graves como cáncer, infección o fractura.

El objetivo del tratamiento es reducir la tensión mecánica sobre el disco afectado y las estructuras circundantes, especialmente cuando la hernia irrita las raíces nerviosas cercanas, lo que permite que la afección mejore con el tiempo. Los médicos quiroprácticos suelen emplear un enfoque multimodal que puede incluir manipulación o movilización espinal, terapias de tejidos blandos, modalidades de fisioterapia, tracción, ejercicios terapéuticos, y educación postural. Los pacientes que continúan presentando síntomas significativos después de 6 a 12 semanas pueden ser referidos para una evaluación más exhaustiva. Afortunadamente, el pronóstico es favorable. Los estudios demuestran que más de 4 de cada 5 casos de hernia discal lumbar mejoran con tratamiento conservador y no requieren cirugía.

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